Anticonceptivos

Prácticamente, desde que hombres y mujeres viven en pareja, han sentido la necesidad de procrear.

Ya en las civilizaciones antiguas se registran referencias a actuaciones poscoitales para evitar el embarazo, y que van desde todo tipo de danzas y movimientos enérgicos hasta lavados o introducción de gran variedad de artilugios en el interior de la vagina.

La llegada de las sustancias hormonales, en la década de los sesenta, supuso un avance muy importante para regular el proceso reproductor e introducir cómodas y efectivas soluciones para evitar el embarazo.

Un sinfín de investigaciones han permitido que, en la actualidad, dispongamos de una amplia variedad de métodos contraceptivos que facilitan de manera significativa el abanico de posibilidades de elección de la pareja: dispositivos intrauterinos, píldoras con hormonas, parches transdérmicos, anillos vaginales, implantes subdérmicos, anticonceptivos de emergencia, preservativos, diafragmas…

Sin embargo, y a pesar de las diversos métodos anticonceptivos  y de tanta información y facilidades como disponemos en la actualidad, hace unos días, expertos en ginecología han advertido de nuevo que entre la población, sobre todo en menores de 20 años, sigue siendo muy popular la ‘marcha atrás’ o los conocidos como métodos naturales. Tanto uno como los otros se consideran métodos muy inseguros.

Muchos jóvenes optan por este método por falta de información y a veces por no poder acceder a otros métodos anticonceptivos por cuestión económica. Pero se debe tener en cuenta que la probabilidad de embarazo en muy alta utilizando el “coitus interruptus”, “bajarse en marcha”, marcha atrás” etc.

LA REALIDAD DE “LA MARCHA ATRÁS”

  • No se considera un método anticonceptivo eficiente.
  • El margen de fracaso es superior al 30%
  • Es muy difícil llevarlo a la práctica ya que requiere que le hombre sea plenamente consciente de cuando debe retirarse, ya que antes de la eyaculación se expulsa un liquido lubricante que también puede llevar espermatozoides.
  • Puede provocar problemas sexuales y psicológicos.
  • Interfiere negativamente en la posibilidad de disfrute de la pareja.
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