Aborto: la arriesgada lucha por un derecho vital

Seis años atrás le había sido asignado a Mónica Roa un primer grupo de escoltas luego de que decidiera presentar ante la Corte Constitucional una demanda con el fin de despenalizar el aborto.

Seis años atrás le había sido asignado a Mónica Roa un primer grupo de escoltas luego de que decidiera presentar ante la Corte Constitucional una demanda con el fin de despenalizar el aborto. Foto: Juan Carlos Millán / Terra Colombia

Foto: Juan Carlos Millán / Terra Colombia

JUAN CARLOS MILLÁN GUZMÁN

A pesar de que la abogada Mónica Roa manifiesta que su agitación y visible estado de nerviosismo es producto de la organización de un evento sin precedentes, con el fin de analizar los resultados y expectativas respecto a la sentencia por medio de la cual se logró la despenalización del aborto en Colombia, con expertos en la materia procedentes de todo el país, hay un estado de crispación y bien disimulada ansiedad en su rostro.

Y no es para menos teniendo en cuenta que el pasado lunes un grupo de anónimos criminales, que para colmo se valieron de las tinieblas de las primeras horas de la noche, decidieron atentar contra la edificación donde funciona la oficina de la controvertida jurista dejando hecho trizas el ventanal de su oficina con vista a la calle, luego de haber suspendido el fluido eléctrico de la vivienda hora y media antes del hecho.

Atentado del que no obstante haber salido con vida tras caerle encima algunas cuantas esquirlas del vidrio de seguridad, obligó a una reubicación del encuentro así como a el anuncio formulado desde la propia vicepresidencia de la República respecto a dar inicio a las investigaciones pertinentes para poder dar con los responsables del crimen.

”Yo bajé a avisarle a mi escolta y escuché otro impacto que se debió dar en el piso, por lo que él decidió salir del carro sumado al hecho de que el alcanzó a escuchar un total de seis sonidos similares al inicial”, relata la abogada quien de inmediato procedió a denunciar el hecho ante miembros de la Policía enviados para atender una situación que tuvo como antecedente el robo de uno de los computadores de la ONG para la que trabaja la abogada el pasado 25 de abril.

”En total nos han robado cuatro computadores porque la verdad es que nunca se llevan nada más”, precisa Roa, para quien la política de Women´s Link Worldwide es muy precisa respecto a que toda la información debe tener un carácter público y quien no entiende qué es lo que se pretende con este tipo de acciones, puesto que las bases de datos están protegidas con unos códigos que no pueden ser manipulados con facilidad.

AMENAZAS

Seis años atrás le había sido asignado a Mónica un primer grupo de escoltas luego de que decidiera presentar ante la Corte Constitucional una demanda con el fin de despenalizar el aborto en la que trabajaron de manera conjunta con un pequeño grupo de personas a lo largo de 10 meses, tras los cuales comenzaron a registrarse las primeras llamadas de carácter amenazante.

”Hay temas sagrados que no se pueden tocar”, les advertían anónimas voces que obligaron a las activistas a cambiar sus oficinas y residencias particulares con el fin de poder seguir adelante, para que sin embargo unos meses más tarde los bandidos resolvieran pasar de las advertencias a los hechos.

”Una noche entraron a mi casa que era también mi oficina, abrieron los cajones, revolcaron todo lo que pudieron, nos sacaron toda la plata que teníamos guardada y la dejaron tirada encima de una mesa sin que faltara un peso. Solo se llevaron dos computadores y a partir de ahí me asignaron el esquema de seguridad”, recuerda Mónica, contra quienes los hostigamientos aumentaron y son desde entonces el pan de cada día.

Una vez pudieron sacar su propia oficina y obtener la personería jurídica solían dejar excrementos humanos a la entrada del edificio, además de adelantar una muy calculada estrategia de envío de correos electrónicos amenazantes acompañados de referencias bíblicas en las que se recordaba que el que se atreviera a derramar la sangre del prójimo se exponía a que su propia sangre también fuera derramada.

”Tú vas a llegar al cielo y nosotros nos vamos a encargar de que eso pase”, se le advertía una y otra vez, no obstante a que en los últimos dos años este tipo de acoso fue disminuyendo de manera progresiva hasta que se produjo el atentado del pasado lunes.

Correos y mensajes vía Twitter o Facebook a los que mal de su agrado Mónica se fue acostumbrando y en los que calificativos tales como asesina o genocida han sido de uso frecuente a lo largo de estos seis años de lucha continuada, como respuesta a las múltiples columnas y artículos que ha escrito sobre la materia, como parte de una actividad criminal durante la que sus anónimos autores hubieran decidido apartarse del legítimo debate y discusión sobre la materia debido a su propia incapacidad mental.

VENCER EL MIEDO

Situación a la que junto a la del atentado ha venido a sumarse recientemente el hecho de que hace dos semanas se le hubieran suspendido a la activista los servicios de internet, teléfono y televisión sin motivo aparente, por lo que desde el lunes debe dormir en casas distintas a la suya con el fin de evitar cualquier otro incidente que pueda comprometer su seguridad personal.

Acoso frente al cual la respuesta de la valiente activista ha sido la de continuar trabajando para que la sentencia que viera la luz exactamente hace seis años pueda cumplirse, y es la que la mantiene corriendo de un lado para el otro con el fin de poder sacar adelante el foro con representantes de los más diversos y apartados rincones del país.

”Yo siempre viajo mucho por razones de trabajo; tenemos oficinas en Madrid y Bogotá, además de implementar programas de similares características en países de América Latina y África; además de que durante el verano dicto clases en Estados Unidos”, explica la experimentada jurista, para quien ese tipo de actividades seguramente le permitirán recuperar algo de la calma perdida, porque también es muy enfática en que  pase lo que pase no tiene previsto exiliarse.

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